El impacto de Antony en el Real Betis ya no es una sorpresa pasajera, sino una realidad consolidada en la LaLiga 2025/26. El extremo brasileño ha firmado una temporada que invita a replantear cualquier narrativa previa sobre su rendimiento en Europa. Con 13 participaciones directas de gol en 28 partidos (siete tantos y seis asistencias), Antony no solo ha elevado su nivel, sino que ha encontrado una regularidad que antes parecía esquiva.
Lo más llamativo no es únicamente la cifra, sino el contexto: está a solo dos contribuciones de igualar lo que produjo en sus tres campañas anteriores combinadas en las grandes ligas. Ese dato refleja una evolución clara en su juego. Antony ya no es solo un futbolista de chispazos o acciones aisladas; ahora es un jugador determinante, capaz de influir en el marcador de forma constante.
En el sistema del Betis, ha encontrado un ecosistema ideal. Con libertad para encarar, pero también con responsabilidades tácticas más definidas, su fútbol ha ganado en madurez. Su toma de decisiones es más precisa, elige mejor cuándo acelerar y cuándo pausar, y ha añadido una eficacia notable en los últimos metros. Ya no depende únicamente de su habilidad individual: ahora interpreta el juego.
Además, su conexión con el resto del ataque verdiblanco ha sido clave. Antony no solo finaliza, también genera. Sus asistencias evidencian una visión más colectiva, algo que ha enriquecido el juego ofensivo del equipo. A todo ello se suma un factor que engrandece aún más su rendimiento: el brasileño está compitiendo con molestias derivadas de la pubalgia, una dolencia especialmente incómoda para futbolistas que basan su juego en la explosividad y el cambio de ritmo. Lejos de frenarle, esta circunstancia ha puesto en valor su compromiso y capacidad de sacrificio.
En definitiva, Antony está firmando una temporada que puede marcar un antes y un después en su carrera. Inspirado, sí, pero también resiliente y evolucionado. Y cuando todo eso coincide, el resultado suele ser imparable.