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El objetivo de blindar El Arcángel: el Córdoba CF reencuentra el equilibrio en la recta final

Hay una máxima no escrita en los manuales del fútbol profesional, de esas que también se aceptan en los pasillos de El Arcángel como un mantra, que sostiene que los ascensos se sueñan en el área rival pero se construyen en la propia. Al Córdoba CF de Iván Ania, este aprendizaje le ha costado sangre, sudor y alguna que otra tarde de decepción en la que el equipo parecía desangrarse por una defensa de cristal, una sensación que, por desgracia, no ha sido nueva esta temporada. Sin embargo, en el fútbol, como en la vida, la redención suele llegar para quien tiene la paciencia y humildad de corregir sus errores. Hoy, el conjunto blanquiverde vuelve a soñar con un play off que parece imposible, pero en todo caso ha comprendido que para asaltar los cielos de la Segunda División, primero hay que aprender a cerrar el candado. ¿Valdrá la enseñanza para el futuro?

La metamorfosis del cuadro califal no es una cuestión de azar, sino de pura aritmética de la solidez. Tras una temporada que ha sido una montaña rusa emocional para el cordobesismo, la actual racha de cinco victorias consecutivas no se explica desde la inspiración de sus atacantes, sino desde la meticulosa corrección de una sangría defensiva que amenazaba con echar por tierra incluso el proyecto. El equipo ha pasado de la vulnerabilidad absoluta a una seriedad que impone respeto a sus rivales.

Los números de la metamorfosis

Si nos asomamos al balcón de las estadísticas, el cambio de piel es evidente. En este último repecho de cinco encuentros, los de Ania apenas han concedido cinco tantos, logrando además ese tesoro tan esquivo durante la segunda vuelta: dejar la portería a cero. Podría parecer un dato menor, pero en la selva de la categoría de plata, la fiabilidad atrás es el valor al alza. De hecho, en las últimas cinco jornadas, solo escuadras como el Andorra o el Valladolid han presentado un balance de goles encajados más bajo que la entidad ribereña.

No es la primera vez que este Córdoba CF encuentra el camino a través del equilibrio. Ya se atisbaron brotes verdes entre las jornadas 19 y 26, aquel tramo de seis triunfos donde la zaga solo capituló en seis ocasiones. O aquel arranque de curso, entre los capítulos 7 y 13, donde la imbatibilidad se convirtió en la norma. Sin embargo, lo que hace especial a este resurgir es el pozo del que viene el equipo. Antes del punto de inflexión que supuso el triunfo ante el Cádiz, el Córdoba era un juguete roto: catorce goles recibidos en cinco duelos y una media sonrojante de tres tantos encajados por partido en su bache de ocho jornadas sin ganar. Pasar de recibir 23 goles en ocho choques a la solidez actual es, sencillamente, una gesta de banquillo y de seriedad.

Nombres propios en la trinchera

No se cambió de dibujo. Tampoco de estilo. Este paso al frente tiene rostros y nombres grabados a fuego. La figura de Rubén Alves emerge como el gran mariscal de campo. Su regreso no solo ha aportado veteranía; ha dotado a la línea defensiva de un orden jerárquico que permite que las coberturas funcionen por primera vez en mucho tiempo. A su lado, el crecimiento de Álex Martín ha sido tan exponencial que ha obligado a Xavi Sintes a esperar su turno en la caseta, confirmando que la competencia interna -y que ésta sea fomentada- es el mejor combustible para un equipo con aspiraciones.

En los carriles, Albarrán y Vilarrasa han protagonizado sus propias historias de redención. De ser cuestionados por su balance defensivo a convertirse en dos puñales que, además de cerrar su banda, generan peligro constante a la transición ofensiva. Y, por supuesto, bajo los tres palos, la figura de Iker Álvarez. El guardameta andorrano ha pasado de la duda al milagro cotidiano. Sus diez intervenciones salvadoras ante el Castellón -segundo portero con más intervenciones en la última jornada de Liga- o su exhibición ante la Cultural Leonesa son puntos que no figuran en la tabla de goleadores, pero que valen el mismo peso en oro.

El reto: la herencia del pasado

A pesar de la mejoría, la cicatriz del pasado aún es visible. Los 56 goles que figuran en el casillero de contra sitúan al Córdoba CF como la séptima escuadra más goleada de la categoría. Es una losa pesada, pero el objetivo es claro: no superar los 63 tantos encajados del curso anterior. Si el equipo logra mantener este muro en pie en las jornadas que restan, no solo habrá firmado una permanencia holgada en su segundo año en el fútbol profesional, sino que habrá ganado el derecho a soñar con el ascenso hasta el último aliento. Porque el Córdoba CF parece que por fin ya ha aprendido la máxima: cuando la defensa no concede, El Arcángel ve a un equipo competitivo que puede aspirar a todo.

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